INICIACION ANTIGUA Y MODERNA

INICIACION ANTIGUA Y MODERNA
AUTOR: MAX HEINDEL

lunes, 15 de marzo de 2010

INICIACION ANTIGUA Y MODERNA - Prefacio





INICIACIÓN ANTIGUA
Y MODERNA

por

MAX HEINDEL

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP
Oceanside, California - USA

PREFACIO

En el contenido de las páginas de este pequeño volumen se hallan algunas de las
más preciadas gemas pertenecientes a las fases más profundas de la religión
Cristiana. Estas gemas son el resultado de las investigaciones espirituales del
inspirado e iluminado Max Heindel, el mensajero autorizado de los Hermanos
Mayores de la Orden Rosacruz, quienes están trabajando para diseminar por todo el
mundo occidental el profundo significado espiritual que se halla a la vez, revelado y
oculto, dentro de la religión Cristiana.
Los diversos e importantes pasos como los vemos perfilados en la vida de nuestro
salvador Jesucristo, forman el plan general de la Iniciación para la humanidad. Max
Heindel, en esta obra, nos ofrece una visión más profunda g mística de este proceso
alquímico, puesto que se efectúa dentro
del propio cuerpo del hombre. Pues nosotros somos "un poco más bajos que los
ángeles... y no aparentamos todavía lo que llegaremos a ser". Este volumen será
una edición muy bien recibida en las bibliotecas de muchos sacerdotes y
organizaciones eclesiásticas de todo el mundo, pues hará sonar una nueva nota de
inspiración y de ánimo para todos aquellos que trabajan en su nombre. La Escuela
Rosacruz tiene una herencia inapreciable en la oportunidad de promulgar, durante
esta época de prueba y decisiva para la evolución espiritual de los hombres y de las
naciones, las enseñanzas esotéricas pertenecientes a la Iglesia Cristiana. "A aquel a
quien mucho se te ha dado, se le exigirá mucho también." Por lo tanto, la
Fraternidad Rosacruz dedica con el mayor espíritu de reverencia y humildad las
valiosas enseñanzas contenidas en este libro, para el servicio de la humanidad. .
Que su Verdad ilumine, su Sabiduría guíe y su Amor abrace a todos aquellos que
participen de estas Aguas de Vida, y que todos y cada uno de los que se acerquen a
beber de ellas encuentren
el Iluminado Sendero que aquí se perfila, es el vehemente deseo de la Fraternidad
Rosacruz. "El Reino de los Cielos es semejante a un mercader que buscaba perlas,
y que una vez que halló una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que poseía y la
compró."

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

EL TEMPLO DE MISTERIOS ATLANTE

PRIMERA PARTE

EL TABERNÁCULO EN EL
DESIERTO

CAPÍTULO PRIMERO

EL TEMPLO DE MISTERIOS ATLANTE


Desde que la humanidad, los espirituales hijos pródigos de nuestro Padre celestial,
deambularon por el desierto del mundo y se alimentaron de los desechos y sobras
de sus placeres, lo cual depaupera el alma, del mismo modo que desperdicios
alimenticios depauperarían el cuerpo, ha habido dentro del corazón del hombre una
voz sin palabras que le ha apremiado y acosado para que vuelva a su hogar; pero la
mayoría de los hombres se halla tan embebecido en sus intereses materiales, que
no la oye. El masón místico que ha oído esta voz sin palabras, se siente impelido por
una fuerza, interna a buscar la. Palabra Perdida; a construir una casa para Dios, un
templo del espíritu, donde pueda encontrar al Padre frente a frente y contestar a su
llamada. En esta encuesta y búsqueda no está abandonado a sus propias fuerzas,
pues nuestro Padre celestial nos ha preparado por El mismo un camino, marcado
con guías y señales, el cual nos conducirá a Él si le seguimos hasta el fin. Pero
como quiera que hemos olvidado la Palabra divina y ahora no serramos capaces de
comprender su significado, el Padre nos habla en un lenguaje simbólico, el cual a la
vez revela y oculta las verdades espirituales que nosotros debemos saber antes de
que lleguemos a Él. Del mismo modo que nosotros darnos a nuestros hijos libros
ilustrados, los cuales revelan a sus mentes infantiles conceptos intelectuales que no
podrían comprender de otra manera, así también, todos los símbolos que Dios nos
ha dado, tienen un profundo significado que no puede ser aprendido a no ser por tal
símbolo. "Dios es espíritu y debe ser adorado en espíritu." Por lo tanto, está
prohibido estrictamente el hacer alguna imagen material de Él, o cosa por el estilo,
porque nada que nosotros podamos
hacer puede darnos una idea adecuada. Pero al igual que nosotros vitoreamos a la
bandera de nuestro país con alegría y entusiasmo, debido a que ella despierta y
enciende en nuestros pechos los sentimientos más tiernos por todo lo que
representa a nuestro hogar y a nuestros seres queridos, debido a que ella excita y
levanta nuestros más nobles impulsos, debido a que ella es un símbolo de todas las
cosas que nos son más queridas, del mismo modo, los diferentes símbolos divinos
que han sido dados a la humanidad una y otra vez, habían a ese tribunal de la
verdad que hay dentro de nuestros pechos y despiertan nuestra conciencia hacía
ideas divinas que están completamente fuera del alcance de las palabras. Así, pues,
el simbolismo, que ha desempeñado un papel de primordial importancia en nuestra
pasada evolución, es aún una necesidad vital para nuestro desarrollo espiritual, de
aquí la conveniencia de estudiarlo con nuestros corazones a la vez que con nuestros
intelectos. Es obvio que nuestra actitud mental de hoy depende del modo en que
pensamos ayer, y también que nuestro estado y las circunstancias que
nos rodean dependen del modo en que trabajamos o rechazando nuestras
obligaciones en el pasado. Cada nuevo pensamiento o idea que llega a nuestro
cerebro, lo vemos mediante la luz y raciocinio de nuestra experiencia previa, y de
este modo podemos deducir que nuestro presente y nuestro futuro están
determinados por nuestra manera de vivir del pasado. Del mismo modo, el camino
del esfuerzo espiritual que ha sido hollado y pavimentado por nosotros mismos en
pasadas experiencias, determina nuestra actitud actual y el camino que debemos
seguir para alcanzar nuestras aspiraciones. Por lo tanto, no podremos conseguir
alcanzar una perspectiva verídica de nuestro desarrollo futuro, a menos de que
primeramente nos familiaricemos con el pasado. Es por el reconocimiento de este
factor por lo que la moderna Masonería vuelve la vista atrás para. atender, observar
y estudiar todo lo referente al templo de Salomón. Esto está muy bien hasta este
punto, pero con objeto de que tengamos y abarquemos una perspectiva total y
absoluta, debemos tomar en consideración también
el antiguo Templo de Misterios Atlante; el Tabernáculo en el Desierto. Nosotros
debemos comprender la importancia relativa de aquel Tabernáculo, y también la de
los dos templos, el primero y el segundo, pues había entre ellos diferencias vitales,
cada uno de ellos dotado de significados cósmicos, y dentro de todos ellos se
proyectaba la sombra o perspectiva de la Cruz, salpicada con Sangre, la cual se
convirtió en Rosas.

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO

EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO


Leemos en la Biblia la historia del modo en que Noé y un residuo de su pueblo con
él, fueron salvados del diluvio y formaron el núcleo de la humanidad de la época o
edad del ARCO IRIS, en la cual nos hallamos actualmente viviendo. En la Biblia se
dice también que Moisés sacó a su pueblo de Egipto, la tierra del Toro - Tauro, -
atravesando las aguas que anegaron a sus enemigos y les libertó con la
denominación de pueblo elegido para adorar el Cordero - Aries, - en cuyo signo
entró entonces el Sol por
la presesión de los equinoccios. Estas dos narraciones se refieren a una misma y
sola cosa, esto es, la emergencia de la humanidad infantil del inundado continente
atlántico a la presente época de ciclos alternantes, en la cual el verano y el invierno,
el día y la noche, el flujo y reflujo se suceden invariable y constantemente. Como
quiera que entonces la humanidad acababa de ser dotada de la mente, empezó a
comprender y a evaluar la pérdida de la vista espiritual que hasta aquel momento el
hombre había poseído, con lo cual nació en ellos una nostalgia y anhelo por el
mundo espiritual y sus guías divinos que acostumbraban haber y que no nos han
abandonado nunca, pues la humanidad nunca ha cesado de lamentar aquella
pérdida. Así, pues, el antiguo Templo de Misterios Atlante, el Tabernáculo en el
Desierto, les fue dado para que pudieran hallar a su Señor cuando se hubieran
calificado para ello, por medio del servicio y de la subyugación de la naturaleza
inferior por él Yo Superior. Como quiera que había sido disecado y proyectado por
Jehová, era la incorporación de grandiosas verdades cósmicas ocultas con el velo
del simbolismo, y que les hablaban a su fuero interno, esto es, a su Yo Superior. En
primer lugar, es digno de notar que este Tabernáculo de ideación divina, fue dado a
un pueblo elegido, que debía erigirle o levantarle gracias a donativos y ofrendas
voluntarias, entregados con toda su alma y corazón. Aquí tenemos para aprender
una lección muy importante, porque la pauta que ha de seguir el camino del
progreso, no se da a nadie que no haya hecho previamente una alianza con Dios,
por la cual se compromete a servirle y se halla voluntarioso para ofrecer la sangre de
su corazón, viviendo una vida de servicio sin buscar su propia conveniencias, El
término "masón" es derivado de phree messen, que son unos vocablos egipcios que
significan "Hijos de la luz". En el lenguaje masónico, Dios es conocido con el nombre
de Gran Arquitecto. Arche es una palabra griega que quiere decir "sustancia
primordial o primaria". Tekton es una palabra griega que significa constructor. Se
dice que José, el padre de Jesús, era "carpintero", pero la palabra original empleada
es la griega tekton, esto es, constructor.
Asimismo se dice que Jesús fue un tekton,, o sea, un constructor. De modo que todo
místico "francmasón" verdadero, es un hijo de la luz, un constructor, que está
esforzándose para construir el templo místico, con arreglo a la pauta o modelo divino
que le ha sido dado por nuestro Padre que está en los Cielos. A este fin él dedica'
todo su corazón, alma y mente. Es su aspiración, o debe serlo, la de ser "el mayor
en el reino de Dios", y por lo tanto, debe ser el sirviente de todos. El punto próximo
que requiere nuestra atención es la colocación del templo con respecto a los puntos
cardinales, y hallamos que estaba dispuesto directamente de Este a Oeste. Así,
pues, vemos que el camino del progreso espiritual es el mismo que el del astro del
día, esto es, marcha de Este a Oeste. El aspirante que entraba por la puerta orientar
y continuaba andando hacia adelante, tocaba el altar de las ofrendas, o altar de los
sacrificios, donde se quemaban aquellas ofrendas, después llegaba al Lavabo de
Bronce, ara p penetrar a continuación en el vestíbulo, cuarto o departamento oriental
del Tabernáculo propiamente
dicho, llamado Lugar Santo, y por último, en la parte más occidental del
Tabernáculo, el Sancta Sanctorum, donde el Arca, el símbolo más grandioso de
todos, estaba colocado. Igual que los tres hombres sabios o Reyes Magos del
Oriente, siguieron la estrella de Cristo en dirección del Oeste, hasta llegar a Belén,
del mismo modo el centro espiritual del mundo civilizado se desplaza o marcha
siempre hacia el Oeste, hasta que hoy la cresta de la ola espiritual, que en un lejano
día partió de China, en las orillas occidentales del Pacífico, ha llegado ahora a las
orillas orientales de este mismo océano, donde está juntando sus fuerzas para saltar
una vez más en su cíclica jornada a través de la inmensidad de las aguas, para
volver a empezar de nuevo en un lejana futuro una nueva jornada cíclica alrededor
de la tierra. La naturaleza ambulante de este Tabernáculo en el Desierto, es, por lo
tanto, una representación simbólica excelente del hecho de la naturaleza emigratoria
del hombre, un eterno peregrino, pasando constantemente de las orillas del tiempo
en la eternidad y volviendo otra vez.
Del mismo modo que un planeta revuelve y gira en su jornada cíclica alrededor del
Sol, así el hombre, el mundo en pequeño o macrocosmos, se mueve cíclicamente en
un círculo alrededor de Dios, que es el origen y la meta de todo. El gran cuidado y la
atención tenida en los detalles acerca de la construcción del Tabernáculo en el
Desierto, nos indica que algo mucho más exaltado que una mera impresión del
sentido ocular se intentaba con su construcción. Bajo su apariencia material y
terrenal, allí estaba diseñada la representación de cosas celestiales y espirituales,
tales que contuvieran una instrucción completa para el candidato a la Iniciación; y,
por consiguiente, ¿no es aceptable que esta refracción nos excite a nosotros para
buscar en aquel antiguo santuario un conocimiento íntimo y familiar? Seguramente
que está justificado que consideremos a todas las partes de su plan con atención
sería, cuidadosa y reverente, recordando a cada paso el origen divino de todo él, y
esforzándonos humildemente para adivinar a través de las tinieblas de su servicio
terrenal sus sublimes y gloriosas realidades, las cuales, con arreglo
a la sabiduría del espíritu, se nos ofrecen y proponen para nuestra solemne
contemplación. Con objeto de que podamos tener la adecuada concepción de aquel
sagrado lugar, debemos considerar el Tabernáculo en si mismo, su ornamentación o
mobiliario y su atrio, La lámina que hallamos enfrente de la página 45 puede ayudar
a que el lector se forme una idea más perfecta de la disposición y arreglo de los
objetos que había dentro de este Tabernáculo.

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

EL PATIO 0 ATRIO DEL TABERNÁCULO

EL PATIO 0 ATRIO DEL TABERNÁCULO

Este espacio era un cercado que rodeaba al Tabernáculo. Su longitud era doble que
su anchura y la entrada se hallaba colocada en la fachada oriental. Esta puerta o
entrada se hallaba cubierta o la cerraba una cortina de lino fino retorcido, de los
colores azul, escarlata y púrpura, colores que sin esfuerzo alguno para nuestra
imaginación podemos ver que proclaman o definen claramente el estado relativo
cósmico de este Tabernáculo en el Desierto. Se nos dice en el sublime
Evangelio de San Juan, que "Dios es luz", y no hay descripción ni símil que pueda
envolver ni comunicar una concepción mejor o más iluminativa a una mente
espiritual que estas palabras. Cuando reflexionamos que aun los mayores
telescopios modernos no han logrado alcanzar los límites o fronteras de la luz, a
pesar de que penetran en el espacio millones y millones de millas, aquella definición
que San Juan nos da de Dios, nos ofrece una débil, pero, no obstante, comprensible
idea de la infinidad de Dios. Nosotros sabernos que la luz, la cual es Dios, es
refractada en tres colores primarias por la atmósfera que rodea la Tierra, y cuyos
colores son: azul, amarillo y rojo--, y es una realidad bien conocida por todo ocultista
que el rayo del Padre es azul, a la vez que el del Hijo es amarillo, así como el del
Espíritu Santo es rojo. Únicamente el rayo más potente y espiritual puede alcanzar a
penetrar hasta el asiento o raíz de la conciencia de la oleada de vida que se, halla
incorporada en el reino mineras de nuestro planeta, y, por esta razón, vemos en las
estribaciones de las montañas es rayo azul del Padre reflejado
por las áridas colinas y flotando como una bruma o neblina por las gargantas y
quebraduras de las montañas. El rayo amarillo del Hijo mezclado con el azul del
Padre proporcionan la vida y la vitalidad del mundo vegetal, el cual, por cuya razón,
se nos ofrece reflejada en el color verde, porque la planta es incapaz de conservar
dentro de ella este rayo. Pero en el reino animal, al cual anatómicamente pertenece
el hombre aun no regenerado, los tres rayos son absorbidos, y el rayo rojo del
Espíritu no es el que presta el color encarnado a su sangre y a su carne. La
mezcolanza del azul y del rojo es evidente en la purpúrea sangre, envenenada corno
consecuencia del, pecado. Pero el amarillo no se evidencia nunca hasta que se
manifiesta como el cuerpo del alma, el "traje dorado de bodas" que ostenta la novia
mística del místico Cristo, emanado desde adentro. De modo que los colores de los
velos del Templo, tanto el de la entrada como el de la puerta del Tabernáculo,
indicaban que esta edificación era designada para un periodo anterior al tiempo de
Cristo, puesto que sólo había presentes, como
hemos dicho, los colores azul y escarlata del Padre y del Espíritu Santo, juntos con
el resultante de su mezcla, el púrpura. Pero el color blanco es la síntesis de toda la
gama de colores, y, por lo tanto, el rayo amarillo de Cristo se hallaba oculto en
aquella parte del velo, hasta que al correr de los tiempos apareciera Cristo para
emanciparnos de las ordenanzas y de las restricciones de la ley, e iniciarnos en esa
total emancipación de la libertad como Hijos. de Dios; Hijos de la Luz, Criaturas de la
Luz, "Phree messen" o Masones místicos.

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

CAPÍTULO II EL ALTAR DE BRONCE Y EL LAVABO 0 PILA

CAPÍTULO II

EL ALTAR DE BRONCE Y EL LAVABO 0 PILA


El Altar de Bronce estaba colocado dentro del recinto, pero inmediato a la entrada del
Este, y era usado para el sacrificio de los animales durante el servicio del templo. La
idea de emplear toros y cabras para el sacrificio podrá parecer bárbara a las mentes
del día, y nosotros no podemos concebir que pudieran tener ninguna eficacia en tal
sentido, La Biblia, sin duda alguna, corrobora y apoya esta idea nuestra acerca de
este punto, porque en ella se nos dice repetidamente que Dios no desea sacrificios
sino un espíritu humilde y un contrito corazón, y que para Él no tienen placer las
sacrificios de sangre. sacrificios de sangre.
En vista de esto parece extraño que se hayan empleado y pedido sacrificios de tal
índole. Pero nosotros debemos tener en cuenta que no hay religión que pueda
elevar a aquellos para quienes están designados sus enseñanzas, si éstas están
muy por encima de su nivel moral o intelectual. Para que una religión pueda atraer y
servir a un bárbaro, debe tener en sí ciertos rasgos de barbarie. Una religión de
amor no podía hacer mella en aquella gente israelita, por lo cual se les dio una ley
que exigía "ojo por ojo y diente por diente". No se halla en ninguna parte del Viejo
Testamento alguna mención de inmortalidad, porque aquellos hombres no podían
haber comprendido nada de un cielo, ni tampoco aspirar a él. Pero, en cambio, ellos
amaban y tenían cariño a sus propiedades materiales, y en consecuencia, se les
predicó que si obraban bien y justamente, tanto ellos como su semilla, morarían en
la Tierra para siempre; que sus ganados serían multiplicados, etcétera, etc. Amaban,
sí, sus posesiones materiales, y ellos sabían que el aumento de sus rebaños era
debido al favor del Señor, ya que Él se lo concedía en
mérito de su buen obrar. De modo que se les enseñó a que obraran en justicia con
la esperanza de una recompensa inmediata en este mundo. Asimismo se les
inculcaba la idea de rechazar el mal obrar por el castigo rápido e inmediato que ello
llevaría consigo, esto es, todos aquellos castigos recibidos se les dijo eran la
retribución o consecuencia de sus pecados. Este era el único camino que había para
encarrilarles en el camino del bien. En tal estado de evolución no hubieran obrado
en justicia por amor a la justicia, ni tampoco hubieran podido comprender el principio
de hacerse a sí mismos "sacrificios Vivientes", Y probablemente ellos sentían
entonces la perdida de un animal cedido en sacrificio por un pecado o trasgresión de
la ley, con la misma intensidad que nosotros sentimos hoy los remordimientos de la
conciencia por nuestras malas acciones. El Altar estaba hecho de bronce, metal que
no se halla en estado natural, sino que es construido por el' hombre, mediante una
mezcla de cobre y de cinc. De esto se deduce que con ello se insinuaba
simbólicamente que el pecado no estaba comprendido ni previsto en el plan de
nuestra evolución y, por lo tanto, es una anomalía en la Naturaleza, así como
también sus consecuencias: el dolor y la muerte, lo cual está simbolizado por las
víctimas sacrificadas. Pero a la vez que el Altar en sí estaba fabricado con materias
de composición artificial, el fuego que ardía incesantemente sobre él era de origen
divino, el cual era mantenido constantemente ardiendo, un año tras otro, con el más
celoso cuidado. Nunca se hizo uso de otro fuego distinto del original, y podemos
meditar para nuestra Iluminación interna que en una ocasión en que dos sacerdotes
- presuntuosos y rebeldes, desdeñando este mandamiento, pretendieron emplear un
fuego extraño, se encontraron con una retribución pavorosa y con muerte
instantánea. Cuando una vez nosotros hemos hecho el juramento de alianza con el
Maestro místico, el Yo Superior, es extremadamente peligroso el, desdeñar los
preceptos de aquel juramento y alianza. Cuando el candidato aparece a la entrada
oriental está "pobre, desnudo y ciego". En tal momento es un objeto de lástima y de
conmiseración, necesitando el ser vestido y llevado, hasta
la luz;Pero esto no puede hacerse inmediatamente en el Templo místico.
Durante el tiempo de su progreso de su estado de desnudez hasta que ha sido
vestido con el Magnífico Manto del gran sacerdote, transcurre un largo espacio,
durante el cual tiene que recorrer un largo y difícil camino. La primera lección que se
le da es que el hombre avanza Únicamente mediante el sacrificio. En la Iniciación
mística Cristiana cuando el Cristo lava los pies de sus Discípulos, se da la
explicación de que si no fuera por la descomposición de los minerales de modo que
sirvan para dar cuerpo al reino vegetal, no tendríamos vegetación; que si el alimento
vegetal no proveyese sustento para los animales, estos últimos seres no podrían
vivir ni existir, y así sucesivamente, el superior, el de más arriba necesita sustentarse
en el de abajo, el inferior. Por esta razón, el hombre tiene con- traída una deuda con
ellos, y corno consecuencia, el Maestro lava los pies a sus Discípulos, simbolizando
en el acto de ese servicio servil y bajo, el reconocimiento del hecho de que ellos le
han servido
a Él como escalones para poder llegar a algo superior. Del mismo modo, cuando el
candidato es llevado al Altar de Bronce, aprende la lección de que el animal es
sacrificado por su amor y beneficio, dando su cuerpo para alimento y su piel para
vestido. Además, ve la densa nube de humo que flota sobre el Altar y percibe dentro
de ella una luz, pero aquella luz es demasiado tenue, demasiado envuelta en el
humo, para que pueda servirle de' guía permanente. Sus ojos espiritual les están
débiles, no obstante, y por lo tanto no puede exponérselos inmediatamente a la luz
de verdades espirituales más elevadas. El apóstol San Pablo nos dice que el
Tabernáculo en el Desierto era una sombra, perspectiva o proyección de cosas más
grandes que habían de venir. Por lo tanto, será de interés y de beneficio conocer
cuál es el significado de éste Altar de Bronce con sus sacrificios y la quema de las
carnes, para el candidato que llega a la puerta del Templo en estos modernos
tiempos. Con objeto de que podamos comprender este misterio, primeramente
debemos concebir la gran
idea absolutamente esencial que subyace o comprende todo verdadero misticismo,
esto es, que todas estas cosas están dentro y no fuera del candidato o del místico.
Angelus Silesius dice acerca de la Cruz: "Aunque Cristo naciera en Belén mil veces
y no dentro de ti mismo, tu alma estará descarriada. La Cruz del Gólgota
contemplarás en vano, mientras que dentro de ti mismo no se levante." Esta idea
debe aplicarse a cada símbolo y fase de las experiencias místicas. No es el Cristo
externo el que nos salva, sino que es el Cristo interno al nacer dentro de nosotros.
El Tabernáculo fue construido realmente en una época determinada, corno puede
verse claramente en la Memoria de la Naturaleza cuando la vista interna se ha
desarrollado en cierto grado; pero nadie es ayudado y no lo fue nunca por el símbolo
ex- terno. Nosotros debemos construir, el Tabernáculo dentro de nuestros propios
corazones y de nuestras mismas conciencias, y una vez construido debemos vivir
durante nuestro paso por todo él en forma de experiencia real, todo el ritual del
servicio que en el símbolo del Tabernáculo
externo se realizaba. debernos también convertirnos en el Altar del sacrificio y al
mismo tiempo ser la ostia u oblación que en él se ofrece, Y que simbolizará al animal
que en el tiempo pasado se inmolaba como ofrenda en él. Debemos, asimismo,
convertirnos en el sacerdote que degüella al animal y al mismo tiempo ser la víctima
que es inmolada. Posteriormente debemos aprender el modo de identificarnos con el
místico Lavabo, así como conocer el modo de lavarnos en él en espíritu. Entonces
debernos pasar al departamento orientar que está detrás del primer velo y ministrar
en él, y así sucesivamente pasar a través de todo el servicio del Templo hasta que
nos convirtamos en el más grande de todos aquellos antiguos símbolos, la Gloria del
Shekínah, pues de lo contrario todo lo otro de nada nos serviría. En resumen, antes
de que el símbolo del Tabernáculo pueda realmente favorecernos, debemos
transferirlo, de la aridez y esterilidad del desierto en el espacio, al hogar de nuestros
propios corazones, de modo que cuando nosotros nos hayamos convertido en todo
lo que aquel símbolo significa, también nos hayamos transformado
en todo aquello que de espiritual tiene su significado. De modo que en todo caso
debemos comenzar a construir y a levantar dentro de nosotros mismos, el Altar del
sacrificio, antes de que podamos ofrecer sobre él nuestros errores y faltas, para
entonces poder purgarlos en el crisol del remordimiento. Esto se efectúa en el
moderno sistema de la preparación para el discipulado, por medio de un ejercicio
que se ejecuta al acostarse, ejercicio que ha sido designado por los Hierofantes de
la Escuela de Misterios Occidental, con arreglo a bases científicas, para el adelanto
del aspirante en el sendero que conduce al discipulado. Otras Escuelas dan un
ejercicio similar, pero éste ofrece una diferencia, en un punto esenciadísimo, con
todos los otros métodos. Después de explanar el ejercicio de referencia,
detallaremos la razón de esa radical distinción. Este especial método tiene un efecto
de adelantamiento tan trascendental, que él permite, al que lo ejecuta debidamente,
el aprender ahora no solamente las lecciones que debería aprender ordinariamente
en esta vida actual, sino también alcanzar un adelanto
y efectuar un desarrollo espiritual que no conseguiría sino después de vivir varias
vidas, esto es, pasar por varias encarnaciones, de otro modo. El ejercicio a que nos
venimos refiriendo lo conocemos nosotros con el nombre de ejercicio nocturno o de
retrospección, y se ejecuta del modo siguiente: Después de meterse en la cama al
acostarse, lo primero que hay que hacer es relajar el cuerpo. Esto es muy
importante, porque cuando hay alguna parte del cuerpo que está en tensión, la
sangre no circula libre y uniformemente, pues parte de ella, debido a la presión,
queda contenida algún tiempo al pasar por el órgano u órganos en tensión, como es
natural, y como quiera que todo desenvolvimiento espiritual depende de la sangre,
no se puede hacer el máximo esfuerzo para alcanzar el crecimiento del alma cuando
hay alguna parte del cuerpo que está en tensión. Cuando se ha logrado la perfecta
relajación, el ejecutante, que debe ser todo aspirante a la vida superior, empieza a
repasar lo hecho durante el día que acaba de vivir, pero, y en esto estriba
aquella radical diferencia, no empieza viendo o repasando los primeros sucesos 0
acontecimientos de la mañana para terminar con los actos ejecutados los últimos
momentos de la noche, sino que los revisa y examina en orden inverso a como los
ha vivido; esto es, primero ve las escenas vividas hace unos minutos, continuando
retrocediendo por la cena, retirada del trabajo, el traba o de la tarde, los actos
ejecutados al mediodía, pasando a los de la mañana, para terminar por las primeras
ocurrencias de la mañana, con lo cual se ve lo adecuado del nombre que le ha dado
nuestra Escuela, o sea el de "retrospección". La razón para esto está en que desde
el primer momento del nacimiento de un niño, cuando éste hace la primera
inspiración, el aire que se inhala en los pulmones lleva consigo una fotografía o
imagen del mundo externo que rodea al niño y a medida que la sangre recorre y
pasa por el ventrículo izquierdo del corazón, cada escena de la vida se 'graba o
imprime en un diminuto átomo que hay colocado allí. Cada nueva respiración trae
con ella nuevas imágenes y cuadros
y de este modo se impresiona y graba en tal átomo un registro o recuerdo de toda
escena y acto de toda nuestra vida desde la primera respiración que damos al nacer,
hasta el último suspiró al morir. Después de la muerte, todas esas imágenes o
impresiones, forman la base de nuestra vida en el purgatorio. Debido a las
condiciones propias del mundo espiritual sufrimos los remordimientos de la
conciencia tan agudamente por cada acto malo cometido, que hasta parece
increíble, con cuyo sufrimiento llega a nuestra conciencia la necesidad de abandonar
el camino del error y del mal obrar. Por otra parte, la intensidad del gozo que
experimentamos como consecuencia de nuestros actos buenos, nos estimula a
seguir el sendero de la virtud en nuestras vidas futuras. Pero en nuestra existencia
post mortem, este panorama de la vida se revive en orden inverso, con el propósito
de demostrar primeramente los efectos y luego las causas que dieron lugar a
aquellos, con lo que el espíritu puede aprender el modo en que la ley de Causa y
efecto actúa en la vida. Por esta razón, al aspirante que está bajo
la guía y dirección de los Hermanos Mayores de los Rosacruces, se le enseña a
realizar este ejercicio nocturno en orden inverso también y a juzgarse a sí mismo
cada día, de modo que pueda escapar a ese sufrimiento del purgatorio después de
la muerte. Pero es preciso hacer notar que no servirá de nada una mera y superficial
revisión de nuestros actos y escenas de cada día. No es suficiente el que al llegar a
un momento en que hemos hecho un grave daño a alguien el decir displicentemente:
"¡Hombre, lo siento mucho. Lo he hecho sin querer!" ¡No! Debemos tener en cuenta
que en aquel instante somos exactamente lo mismo que aquel animal que se había
sacrificado y se hallaba tendido encima del Altar de las Ofrendas y dispuesto para
ser quemado, y a menos que sintamos en lo más profundo de nuestros corazones el
efecto de aquel, fuego del remordimiento, cuyo fuego sabernos había sido
encendido por la Divinidad, esto es, un sentimiento de congoja que llegue hasta la
misma medula de nuestros huesos por nuestras faltas durante el día, no
adelantaremos nada.
Durante la dispensación antigua, todos los sacrificios eran frotados con sal antes de
ser colocados sobre el Altar de las Ofrendas y Sacrificios destinados al fuego. Todos
nosotros sabemos cómo escuece y quema cuando toca una reciente herida la sal.
Aquel frotamiento con sal de las víctimas en los sacrificios que se hacía en aquel
antiguo Templo de Misterios, simbolizaba la intensidad del remordimiento y
quemazón interna que nosotros debemos sentir cuando, como sacrificios vivientes,
nos colocamos voluntariamente sobre el Altar de los Sacrificios. Es la sensación del
remordimiento, el dolor sincero y profundo que sentimos por nuestros errores,
ofensas y faltas, lo que borra la impresión o imagen del átomo simiente hasta dejarlo
limpio y sin mancha, de modo que, al igual que bajo la dispensación o Testamento
Antiguo, los transgresores quedaban perdonados cuando presentaban ante el Altar
de las Ofrendas un sacrificio sobre el cual era quemado, asimismo nosotros, en los
tiempos actuales, por la ejecución de este científico ejercicio nocturno retrospectivo,
borramos los recuerdos de nuestros pecados. Es
una conclusión demostrada la de que no podemos continuar noche tras noche
realizando este viviente sacrificio sin hacernos mejores, y, por consecuencia, dejar
de hacer poco a poco las cosas por las cuales nos censuramos nosotros mismos
durante ese ejercicio nocturno. De modo que, además de eliminar nuestras faltas
actuales, este ejercicio nos eleva a tan alto nivel espiritual, que de ningún modo
hubiéramos llegado en esta vida sin hacerlo. También es digno de observar el hecho
de que cuando alguno había cometido un grave crimen y llegaba al Santuario,
encontraba a la sombra del Altar de Sacrificios toda impunidad, porque allí
únicamente el fuego encendido por Dios podía ejecutar el juicio. El criminal, pues,
escapaba a las manos de los hombres poniéndose voluntariamente bajo las manos
de Dios. De igual modo también, el aspirante que reconoce sus errores y faltas a la
noche, acercándose espontáneamente al altar de su juicio viviente, llega también al
Santuario de la Ley de Causa y Efecto, con lo que, "aunque sus pecados sean rojos
como escarlata, quedarán tan blancos como la nieve".

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

EL LAVABO 0 PILA DE BRONCE

EL LAVABO 0 PILA DE BRONCE

El Lavabo de Bronce era una gran pila que siempre se mantenía llena de agua. Se
dice en la Biblia que estaba asentada sobre los lomos o partes traseras de doce
bueyes, también hechos de bronce, quedando, por lo tanto, sus partes traseras en el
centro de aquella gran vasija. Sin embargo, de1 examen de la Memoria de la
Naturaleza aparece que aquellos animales no eran bueyes, sino representaciones
simbólicas de los doce signos del Zodiaco. La humanidad en aquellos tiempos se
hallaba dividida en doce grupos, uno por cada signo zodiacal. Cada símbolo animal
atraía un rayo determinado, y al igual que el agua bendita que se emplea hoy en las
iglesias católicas es magnetizada por el sacerdote durante la ceremonia de la
consagración, así también el agua de aquella Pila era magnetizada por las
Jerarquías divinas que guiaban a la humanidad. No puede haber duda acerca del
poder del agua bendita preparada por una personalidad fuerte
y magnética. Esa agua toma o absorbe el efluvio del cuerpo vital del sacerdote que
la bendice, y los fieles que la usan se hacen afines y flexibles a su regla en un grado
proporcionado a la sensibilidad de cada uno de ellos. Del mismo modo, los Lavabos
de Bronce de los Templos de Misterios de la antigua Atlántida, donde el agua era
magnetizada por Jerarquías divinas de inconmensurable poder, constituían un factor
poderoso para la guía de aquel pueblo, con arreglo a la voluntad de aquellos
poderosos regentes. Por, esta razón los sacerdotes se hallaban en obediencia
perfecta a los mandatos y dictados de sus invisibles caudillos espirituales, y por
medio de ellos el pueblo les seguía ciegamente. Se requería que los sacerdotes
lavaran sus manos y pies antes de penetrar en el Tabernáculo propiamente dicho. Si
este mandamiento era desobedecido, se seguía inmediatamente la muerte de aquel
sacerdote al penetrar dentro del Tabernáculo. Por lo tanto, podemos decir que, así
como la nota clave del Altar de Bronce era "justificación", la idea base o central del
Lavabo de Bronce era la de "consagración".
"Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos." Nosotros tenemos el ejemplo
del rico que se llegó a Cristo preguntándole lo debería hacer para llegar a ser
perfecto. Él que había guardado la ley, pero cuando Cristo le dijo: "Sígueme", no
pudo hacerlo porque tenía muchas riquezas que le aferraban a ellas sujetaban al
igual que pudiera hacerlo un cepo Del mismo modo, la gran mayoría de la
humanidad se contentaba con escapar a la condenación, e igualmente el joven rico
era demasiado; tibio o negligente para hacer esfuerzos con objeto de alcanzar el
encomió merecido por sus obras o servicios. El Lavabo de Bronce es el símbolo de
la "santificación y de la consagración" de vida para el servicio. Así como Cristo dio
comienzo a sus tres años de ministerio pasando por las aguas del bautismo, así
también el aspirar al servicio en el antiguo Templo, debía santificarse a sí mismo en
la sagrada corriente que fluía de aquella gran pila conocida con el nombre Mar
Fundido. Y el masón místico que se esta esforzando en construir un templo "sin
ruido martillos" con objeto de servir en él, debe
también
consagrarse y santificarse a si propio. Debe estar dispuesto voluntariamente a dejar
todas las posesiones terrenales de modo que pueda seguir sin vacilación ni
inconveniente al Cristo interno. Aunque pueda conservar sus riquezas, no obstante,
debe considerarlas como un sagrado depósito que se le tiene confiado, el cual debe
ser usa- do por él al igual que lo haría un prudente administrador con los bienes
que le tiene confiados su señor. Y nosotros debernos estar listos en todo momento
para obedecer al Cristo interno cuando nos diga "sígueme", aún cuando la sombra
de la Cruz se proyecte en la oscuridad sobre el fin de nuestro camino, porque sin
este abandono decidido y completo de todo lo de la vida por la Luz, por los
propósitos superiores y espirituales, no puede haber gran progreso en ese sendero
de perfección. Al igual que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús cuando salió del
agua bautismal de la consagración, así también el masón místico que se baila en el
Lavabo del Mar Fundido, empieza a oír débilmente la voz del Señor dentro de su
propio corazón, enseñándole los secretos del Arte que debe usar para el beneficio
de sus semejantes.

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del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

EL CUARTO ORIENTAL DEL TEMPLO

CAPITULO III

EL CUARTO ORIENTAL DEL TEMPLO


Una vez que ha dado sus primeros Pasos en el sendero, el aspirante se halla
enfrente del velo que cuelga ante la entrada del Templo místico. Corriéndole a un
lado, penetra en el interior del departamento oriental del Santuario, el cual era
llamado el Lugar Santo. No había ninguna ventana ni abertura de ninguna especie
en el Tabernáculo que permitiera dejar paso dentro de él a la luz del día, pero este
cuarto nunca estaba oscuro. Noche y día se hallaba brillantemente iluminado por
lámparas que ardían. Su mobiliario era un símbolo de los métodos que el aspirante
debe seguir para alcanzar el desarrollo de su alma por el servicio. Consistía este
mobiliario Principalmente en tres objetos: El Altar, del Incienso la Mesa de los panes
de proposición y el Candelabro de Oro cedía la luz.
No era permitido el paso a este sagrado departamento al israelita ordinario, ni que
viera los Objetos existentes en el mismo. Nadie sino un sacerdote podía pasar el
velo externo y entrar ni aun en este primer cuarto. El Candelabro de Oro se hallaba
colocado en el lado del Sur del Lugar Santo, de modo que se hallaba al lado
izquierdo de la persona que entraba en él. Se hallaba construido de oro puro y
consistía en un brazo 0 columna central, elevándose desde la base, del cual salían
seis brazos. Estos brazos arrancaban de tres puntos diferentes de la columna
principal, Y se curvaban hacía arriba en tres semicírculos de distinto diámetro (como
es natural, puesto que salían de distinta altura de la columna) Y simbolizaban los
tres Períodos de desarrollo (los Períodos de Saturno, Solar y Lunar), por los cuales
ha pasado el hombre antes de llegar al actual Período Terrestre, que en aquel
entonces no había llegado ni a la mitad
de su desarrollo. Este último Período estaba simbolizado por la séptima luz. Cada
uno de estos siete brazos terminaba en una lámpara, y estas lámparas se nutrían del
más puro aceite de oliva, que se hacía sufriendo un proceso especial. Los
sacerdotes eran los encargados de tener cuidado del Candelabro, que nunca se
hallaba sin alguna luz encendida. Todos los días se examinaban las lámparas, se
arreglaban y se las ponía aceite, de modo que pudieran arder constantemente.
La Mesa de los Panes de Proposición estaba colocada en el lado Norte del
departamento, de modo que se encontraba a la mano derecha del sacerdote,
conforme entraba en este cuarto y mirando al velo segundo. Encima de esta Mesa
había siempre doce panes de pan sin levadura, los cuales se hallaban puestos en
dos montones de seis panes cada uno, pan sobre pan, y encima de cada pila o
montón se colocaba una pequeña cantidad de incienso. Estos panes eran llamados
el pan de proposición, o pan de la faz, porque eran puestos solemnemente en
aquella Mesa, ante la presencia del Señor, quien moraba en la
Gloria del Shekínah, esto es, en el departamento detrás del segundo velo. Cada
sábado estos panes se cambiaban por los sacerdotes; los viejos se quitaban de allí y
en su lugar eran puestos panes recientes. Los panes que se quitaban debían ser
comidos por los sacerdotes y por nadie más, pues no era permitido a ningún otro ni
aun que probase de ellos, así como no se toleraba que fueran consumidos en otro
lugar a excepción hecha dentro del Patio del Santuario, debido a que aquel pan era
santo, y por lo tanto, sólo podía ser tomado por personas sagradas y en terreno
santo. El incienso que habla estado sobre las dos pilas de panes de proposición era
quemado al cambiarse el pan, como una ofrenda de fuego ante el Señor, que se
hacía en lugar del pan. El Altar del Incienso o el Altar de Oro constituía el tercer
objeto que había en el Cuarto oriental del Templo. Se hallaba situado en el centro
del departamento, esto es, a idéntica distancia de las paredes Norte y Sur, y enfrente
del segundo velo. Nunca se quemaba carne en este Altar, así como tampoco se le
tocaba con sangre
de las víctimas, excepto en ocasiones solemnísimas, y entonces únicamente sus
vasos se marcaban con el rojo estigma del pecado o de la mácula. El humo que se
alzaba de su superficie nunca era otro que el procedente del incienso quemado.
Aquel humo se elevaba todas las mañanas y noches, llenando el Santuario con una
nube fragante y llevando al exterior un olor refrescante por todos los alrededores,
extendiéndose por todo el territorio en varias millas a la redonda. Debido a que todos
los días se quemaba este incienso era llamado "un incienso perpetuo delante del
Señor". No era un incienso simple el que se quemaba, sino un compuesto de esta
sustancia con otras especias dulces, mezclados con arreglo a las instrucciones
dadas por Jehová especialmente para este objeto, y por lo cual era considerado
sagrado, hasta el extremo de que no era permitido a nadie hacerlo para ser
empleado comúnmente. El sacerdote tenía el mandamiento expreso de que nunca
ofrendara un incienso distinto sobre el Altar de Oro, es decir, que siempre debía
emplear aquella sagrada composición. Este Altar se
hallaba colocado precisamente delante de¡ velo, por la parte de afuera, pero en
contraposición a la Silla de Misericordia, que se hallaba detrás de aquel velo; por
cuya razón, aunque el Sacerdote oficiaba ante el Altar del Incienso, no podía ver la
Silla de Misericordia, debido a impedirlo el velo segundo; no obstante, debía al
ofrecerlo mirar hacia aquella dirección y dirigirlo en tal sentido. Además, había la
costumbre de que cuando la nube fragante y odorífero del humo del incienso se
elevaba por encima del Templo, todas las personas que se hallaban en el Patio del
Santuario enviaban sus preces a Dios, silenciosamente, cada una para sí.

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del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel