INICIACION ANTIGUA Y MODERNA

INICIACION ANTIGUA Y MODERNA
AUTOR: MAX HEINDEL

lunes, 15 de marzo de 2010

LA VARA DE AARÓN

LA VARA DE AARÓN


Una antigua leyenda relata que cuando Adán fue expulsado del Paraíso del Edén,
se llevó con- sigo tres ramas del Árbol de la vida, que posteriormente fueron
plantadas por Set. Set, el segundo hijo de Adán, es, con arreglo a la historia
masónica, el padre de la jerarquía espiritual
de los clérigos, quienes trabajan con la humanidad por medio del Catolicismo,
mientras que los hijos de Caín son los artífices 0 artesanos del mundo. Estos últimos
trabajan en la francmasonería, promoviendo el progreso material e industrial como
constructores del templo de Salomón, el universo. Los tres retoños plantados por Set
han desempeñado una misión muy importante en el desarrollo espiritual de la
humanidad, y uno de ellos se dice que es la Vara de Aarón. Al principio de la
existencia concreta del hombre, la procreación se efectuaba bajo la sabía guía y
vigilancia de los Ángeles, quienes hacían que el acto creador se realizara en los
momentos en que los rayos de las fuerzas interplanetarias fueran propicios para el
caso, así como el hombre tenía prohibido el comer- del Árbol del Conocimiento. La
naturaleza de este Árbol queda de terminada claramente por las sentencias bíblicas
tales como las siguientes: "Adán conoció a su esposa y ésta dio a luz a Caín"; "Adán
conoció a su esposa y ella parió a Set"; o bien esta otra: "¿Cómo podré yo concebir
un niño toda vez que no he conocido a un hombre?", que dijo María
a Gabriel, el Ángel anunciador. A la luz de esta interpretación la sentencia del Ángel
(no sólo no fue una maldición) cuando descubrió que sus preceptos habían sido
desobedecidos, esto es, "vosotros moriréis", sino que es perfectamente natural y
lógica, porque los cuerpos generados sin tener en cuenta las influencias cósmicas
no puede pretenderse ni esperarse que persistan. De aquí que el hombre fue
expulsado, desterrado, de los reinos etéreos de la fuerza espiritual (el Edén), donde
crece el árbol de la fuerza vital; desterrado a la existencia concreta en cuerpos de
densidad física que se conquistó para sí por me- dio de la generación. Tal sentencia
del Ángel en estas circunstancias es, sin duda alguna, una bendición, pues ¿quién
es el que tiene un cuerpo lo suficientemente bueno y perfecto, a su propio juicio, en
el cual le gustase vivir eternamente? La muerte, pues, es una fortuna y una
bendición, en el sentido de que por ella podemos volver periódicamente a los reinos
espirituales, y construir en ellos mejores vehículos para cada vez que volvamos a la
vida en la Tierra, según nos dice en su poema Oliver Wendell Holmes.
¡Alma mía! Construye mansiones más permanentes, según van rodando las
estaciones. Abandona tus bajos techos abovedados del pasado y haz que cada
nuevo templo sea más noble que el pasado. Aíslate del cielo con una cúpula más
vasta cada vez, hasta que por último te libertes, abandonando tu concha, ya
inservible, por la incesante vida del mar."
En el curso de la vida, cuando aprendemos a domeñar el orgullo de la vida y la
lujuria de la carne, la generación dejará de absorber y agotar nuestra vitalidad. La
energía vital se utilizará entonces para la regeneración, y las fuerzas espirituales,
simbolizadas por la Vara de Aarón, se desenvolverán.
La varita del mago, la lanza sagrada de Parsifal, el Rey del Grial, y la Vara florecida
de Aarón, son emblemas de esta divina fuerza creadora, que ejecuta maravillas de
tal naturaleza que nosotros las llamamos milagros. Pero hay que tener bien en
cuenta que no hay ninguno que haya llegado al grado de evolución simbolizado por
el Arca de la Alianza ante la Cámara occidental del Tabernáculo, que utilice esta
fuerza con fines egoístas. Cuando Parsifal, el héroe del
mito del alma que tiene por título aquel nombre, ha sufrido la tentación de Kundry y
ha comprobado por sí mismo su emancipación del pecado más borroso de todos, el
pecado de la lujuria y de la falta de castidad, él recobra la sagrada lanza que había
sido tomada por el mago negro, Klingsor, al vencido y no casto Rey del Grial, -
Amfortas. Desde aquel día, Parsífal, durante muchos años viajó mucho y recorrió
todo el mundo, buscando nuevamente el' Castillo del Grial, y al volver a hallarse
cerca de él, dijo al que le interrogaba de dónde venía: "A menudo yo he sido atacado
fieramente por enemigos y tentado al uso de esta lanza en defensa propia, pero yo
entendía bien que la lanza sagrada no debe ser utilizada para herir, sino únicamente
para curar."
Y esta es la actitud de todo aquel que desenvuelve dentro de él la florida Vara de
Aarón. Aunque pueda convertir esta facultad espiritual en el sentido de proveer de
pan para una multitud, él nunca, ni aun le pasará por la imaginación, el convertir una
sola piedra en pan para aplacar su propia hambre. Aunque él fuera clavado
en una cruz y crucificado hasta morir en ella, no intentaría libertarse a sí mismo por
medio de sus poderes espirituales, los cuales ha empleado ya anterior y
prontamente para salvar a otros de la muerte. Aunque se viera diaria y
constantemente acusado de estafador y charlatán, nunca se determinaría a hacer el
uso indebido de esta fuerza espiritual, para mostrar un signo o hacer un milagro, por
el cual el mundo pudiera conocer, sin sombra alguna de duda, que él es un
regenerado o nacido del cielo. Esta fue la actitud de Jesucristo y ha sido también la
de todo aquel que, como un Cristo en formación, sigue sus pasos y quiere imitarle.

***

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

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