INICIACION ANTIGUA Y MODERNA

INICIACION ANTIGUA Y MODERNA
AUTOR: MAX HEINDEL

lunes, 15 de marzo de 2010

EL CUARTO ORIENTAL DEL TEMPLO - en you tube -


CAPITULO III

EL CUARTO ORIENTAL DEL TEMPLO

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Una vez que ha dado sus primeros Pasos en el sendero, el aspirante se halla enfrente del velo que cuelga ante la entrada del Templo místico. Corriéndole a un lado, penetra en el interior del departamento oriental del Santuario, el cual era llamado el Lugar Santo. No había ninguna ventana ni abertura de ninguna especie en el Tabernáculo que permitiera dejar paso dentro de él a la luz del día, pero este cuarto nunca estaba oscuro. Noche y día se hallaba brillantemente iluminado por lámparas que ardían. 
Su mobiliario era un símbolo de los métodos que el aspirante debe seguir para alcanzar el desarrollo de su alma por el servicio. Consistía este mobiliario Principalmente en tres objetos: El Altar del Incienso, la Mesa de los panes de proposición y el Candelabro de Oro, del cual procedía la luz.
No era permitido el paso a este sagrado departamento al israelita ordinario, ni que viera los Objetos existentes en el mismo. Nadie sino un sacerdote podía pasar el velo externo y entrar ni aun en este primer cuarto. El Candelabro de Oro se hallaba colocado en el lado del Sur del Lugar Santo, de modo que se hallaba al lado izquierdo de la persona que entraba en él. Se hallaba construido de oro puro y consistía en un brazo o columna central, elevándose desde la base, del cual salían seis brazos. Estos brazos arrancaban de tres puntos diferentes de la columna principal, Y se curvaban hacía arriba en tres semicírculos de distinto diámetro (como es natural, puesto que salían de distinta altura de la columna) Y simbolizaban los tres Períodos de desarrollo (los Períodos de Saturno, Solar y Lunar), por los cuales ha pasado el hombre antes de llegar al actual Período Terrestre, que  en aquel entonces no había llegado ni a la mitad de su desarrollo. Este último Período estaba simbolizado por la séptima luz. Cada uno de estos siete brazos terminaba en una lámpara, y estas lámparas se nutrían del más puro aceite de oliva, que se hacía sufriendo un proceso especial. Los sacerdotes eran los encargados de tener cuidado del Candelabro, que nunca se hallaba sin alguna luz encendida. Todos los días se examinaban las lámparas, se arreglaban y se las ponía aceite, de modo que pudieran arder constantemente.
La Mesa de los Panes de Proposición estaba colocada en el lado Norte del departamento, de modo que se encontraba a la mano derecha del sacerdote, conforme entraba en este cuarto y mirando al velo segundo. Encima de esta Mesa había siempre doce panes de pan sin levadura, los cuales se hallaban puestos en dos montones de seis panes cada uno, pan sobre pan, y encima de cada pila o montón se colocaba una pequeña cantidad de incienso. Estos panes eran llamados el pan de proposición, o pan de la paz, porque eran puestos solemnemente en aquella Mesa, ante la presencia del Señor, quien moraba en la Gloria del Shekínah, esto es, en el departamento detrás del segundo velo. Cada sábado estos panes se cambiaban por los sacerdotes; los viejos se quitaban de allí y en su lugar eran puestos panes recientes. Los panes que se quitaban debían ser comidos por los sacerdotes y por nadie más, pues no era permitido a ningún otro ni aun que probase de ellos, así como no se toleraba que fueran consumidos en otro lugar a excepción hecha dentro del Patio del Santuario, debido a que aquel pan era santo, y por lo tanto, sólo podía ser tomado por personas sagradas y en terreno santo. 
El incienso que habla estado sobre las dos pilas de panes de proposición era quemado al cambiarse el pan, como una ofrenda de fuego ante el Señor, que se hacía en lugar del pan. El Altar del Incienso o el Altar de Oro constituía el tercer objeto que había en el Cuarto oriental del Templo. Se hallaba situado en el centro del departamento, esto es, a idéntica distancia de las paredes Norte y Sur, y enfrente del segundo velo. Nunca se quemaba carne en este Altar, así como tampoco se le tocaba con sangre de las víctimas, excepto en ocasiones solemnísimas, y entonces únicamente sus vasos se marcaban con el rojo estigma del pecado o de la mácula. El humo que se alzaba de su superficie nunca era otro que el procedente del incienso quemado. Aquel humo se elevaba todas las mañanas y noches, llenando el Santuario con una nube fragante y llevando al exterior un olor refrescante por todos los alrededores, extendiéndose por todo el territorio en varias millas a la redonda. Debido a que todos los días se quemaba este incienso era llamado "un incienso perpetuo delante del Señor". 
No era un incienso simple el que se quemaba, sino un compuesto de esta sustancia con otras especias dulces, mezclados con arreglo a las instrucciones dadas por Jehová especialmente para este objeto, y por lo cual era considerado sagrado, hasta el extremo de que no era permitido a nadie hacerlo para ser empleado comúnmente. El sacerdote tenía el mandamiento expreso de que nunca ofrendara un incienso distinto sobre el Altar de Oro, es decir, que siempre debía emplear aquella sagrada composición. Este Altar se hallaba colocado precisamente delante del velo, por la parte de afuera, pero en contraposición a la Silla de Misericordia, que se hallaba detrás de aquel velo; por cuya razón, aunque el Sacerdote oficiaba ante el Altar del Incienso, no podía ver la Silla de Misericordia, debido a impedirlo el velo segundo; no obstante, debía al ofrecerlo mirar hacia aquella dirección y dirigirlo en tal sentido. Además, había la costumbre de que cuando la nube fragante y odorífero del humo del incienso se elevaba por encima del Templo, todas las personas que se hallaban en el Patio del Santuario enviaban sus preces a Dios, silenciosamente, cada una para sí.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

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El Candelabro de Oro - en you tube -


EL MÍSTICO SIGNIFICADO DEL CUARTO ORIENTAL Y SU
MOBILIARIO

El Candelabro de Oro

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Como hemos dicho previamente, cuando el sacerdote se hallaba de pie en el centro del cuarto del Este del Tabernáculo, el Candelabro de Siete Brazos quedaba a su mano izquierda y en la parte del Sur. Esto simbolizaba el hecho de que los siete dadores de luz o Planetas que trazan su danza mística alrededor de la órbita central, el Sol, recorren una estrecha faja que comprende ocho grados a cada lado del sendero del Sol, la cual es llamada el Zodiaco. "Dios es Luz", y los "Siete Espíritus ante el Trono" son los ministros de Dios; por lo tanto, son los mensajeros de la luz para la humanidad, y ellos son los que han guiado al hombre en su sendero evolutivo. Además, así como los cielos están resplandecientemente iluminados cuando la Luna en su fase llega a su plenitud en la parte oriental de los cielos, así también el Cuarto oriental del Tabernáculo está lleno de LUZ, que indicaba visiblemente la presencia en él de Dios
y de sus siete Ministros, los Ángeles de las Estrellas
Nosotros podemos notar de paso que la luz del Candelabro de Oro era clara y la llama inodora y compararla con la llama medio envuelta por el humo que se veía en el Altar de las Ofrendas de las víctimas quemadas, la cual en cierto sentido, generaba tinieblas en vez de disiparlas.
Pero hay aún un significado más profundo y más sublime en este símbolo de fuego, el cual no discutiremos hasta que lleguemos al Gloria del Shekinah, cuya deslumbrante brillantez flotaba sobre la Silla de Misericordia en el Cuarto occidental. Antes de que podamos penetrar en este tema, es preciso que nos familiaricemos con todos los símbolos que se ofrecían a nuestra vista entre el Candelabro de Oro y aquel sublime Fuego del Padre, que era la gloria coronadora del Santo de los Santos, el Sancta Sanctorum, la parte más sagrada del Tabernáculo en el Desierto.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

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La Mesa del Pan de Proposición - en you tube -


La Mesa del Pan de Proposición

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El Cuarto oriental del Templo puede ser llamado el Vestíbulo de Servicio, pues él corresponde a los tres años del ministerio de Cristo, y contiene todos los atavíos y requisitos, para el desarrollo del alma, aunque, como ya hemos dicho, sólo estaba adornado con tres principales objetos. Entre ellos descuella la Mesa de los Panes de Proposición, sobre el cual, como ya sabemos, se ponían dos pilas o montones de hogazas de pan sin levadura, cada uno de los cuales contenía seis hogazas, y sobre estos panes se ponía un poco de incienso. El aspirante que llegaba a la puerta del Templo "pobre, desnudo y ciego", era llevado, pues, a la luz del Candelabro de Siete Brazos, adquiriendo un cierto grado de conocimiento cósmico, el cual le era preciso emplearlo en servicio de sus semejantes, y la Mesa del Pan representaba esto en símbolo. 
El grano del cual se había elaborado aquel pan había sido dado en un principio por Dios, pero después fue plantado por el hombre, quien previamente había arado y preparado el terreno en el cual había de sembrarse. Después de plantarlo, tuvo también que cultivarlo y regarlo, y cuando el grano hubo dado su fruto con arreglo a la naturaleza del suelo en que crecía y del cuidado que se había tenido en su crecimiento, tuvo que ser segado, trillado, molido y purificado. Después, los antiguos sirvientes de Dios tenían que llevarlo al Templo, donde era colocado ante la presencia del Señor, como pan para "demostrar" que los hombres habían efectuado su tarea y rendido el servicio necesario.
Los granos de trigo dados por Dios contenidos en los doce panes representan las oportunidades para el desarrollo del alma que Dios nos ha dado, que nos vienen a todos y a cada uno por medio de los doce departamentos de la vida representados por las doce casas del horóscopo, que están bajo el dominio de las doce Jerarquías divinas conocidas como signos del Zodiaco. Pero es de la incumbencia y obligación del masón místico, el genuino y auténtico constructor del templo, el aprovechar tales oportunidades, cultivar y nutrirlas o fomentarlas, de modo -que pueda extraer de ellas EL PAN DE VIDA que nutre y alimenta el alma. 
No obstante, nosotros no asimilamos el total de nuestra alimentación física corriente; hay un residuo, una gran cantidad de cenizas sobrantes, después de haber amalgamado la quintaesencia en nuestro sistema. Por esta misma razón, el Pan de Proposición no se quemaba ni era consumido ante el Señor, sino que se colocaban dos montoncitos de incienso sobre los dos montones de los Panes de Proposición, uno sobre cada montón. Esto se consideraba como que era el aroma de ellos, y más tarde era consumido por el fuego en el Altar del Incienso.
Asimismo, el servicio rendido diariamente por el masón místico y que sirve de sustento para su alma, es pulverizado en el molino de la Retrospección por la noche al retirarse a su lecho y practicar ese científico ejercicio indicado por los Hermanos Mayores de la Rosacruz. Pero, además, hay una época cada mes que es particularmente propicia para la extracción del incienso del crecimiento del alma y quemarlo ante el Señor, de manera que pueda ser amalgamado con el cuerpo del alma y formar parte de la "radiante y dorada vestidura nupcial", es decir, cuando la Luna se acerca al plenilunio. Entonces se encuentra la Luna en el Este y los cielos están deslumbrantes de Luz, corno lo estaba la habitación del Este del antiguo Templo de Misterios atlánticos, en donde el sacerdote fortificaba el pábulo del alma simbolizado por el Pan de Proposición y de su fragante, esencia, que deleitaba a nuestro Padre celestial tanto entonces como ahora. 
Que el masón mística tome nota especial, no obstante, de que el Pan de Proposición no era obra de visionarios, ni el producto de especulaciones sobre la naturaleza de Dios, de la luz o cosa semejante, sino que era el producto de una labor real, de un trabajo ordenado y sistemático, y esto nos aguijonea a nosotros para seguir la senda de un servicio real, sí nosotros deseamos cultivar ese tesoro que podemos acumular en el cielo. A menos de que trabajemos realmente, SIRVIENDO A LA HUMANIDAD, no tendremos nada que llevar, ni "pan" para proponerlo en los festivales de la Luna llena, y en las Bodas Místicas del Yo superior con el Yo inferior, nos encontraremos desprovistos del radiante y dorado cuerpo del alma -el Místico "MANTO DORADO NUPCIAL" - sin el cual no podrá consumarse nunca la unión con Cristo.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

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EL ALTAR DEL INCIENSO - en you tube -


EL ALTAR DEL INCIENSO

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En el Altar del Incienso, según dijimos en la descripción general del Tabernáculo y de su mobiliario, se ofrecía continuamente incienso ante el Señor, y el sacerdote que estaba ante el altar oficiando se hallaba en aquel momento en posición tal que miraba hacia la Silla de Misericordia por encima del Arca, sí bien le era imposible verla debido a impedírselo el segundo velo, el cual se hallaba interpuesto entre el primero y el segundo departamento del Tabernáculo, llamados, respectivamente, el Lugar Santo y el Santo de los Santos, o el Sancta Sanctorum. También hemos visto al tratar del "pan de proposición", que el incienso simboliza el extracto, el aroma del servicio, que hemos rendido con arreglo a las ocasiones que se nos han presentado y a las oportunidades que hemos tenido; y al igual que el animal inmolado sobre el Altar de Bronce representa nuestras faltas y errores cometidos durante el día, así el incienso quemado sobre el Altar de Oro, que es un dulce aroma para el Señor, representa las acciones virtuosas de nuestras vidas.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel


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EL ARCA DE LA ALIANZA - en you tube -


CAPITULO IV
EL ARCA DE LA ALIANZA

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Es digno de tener en cuenta, por ser de gran significado místico, que el aroma del servicio voluntario esté representado por un dulce olor, como incienso fragante, mientras que el olor del pecado, del egoísmo y de la trasgresión de la ley, representado por un sacrificio obligado o compulsorio sobre el Altar de los Sacrificios, sea nauseabundo, pues no es necesario una gran imaginación para comprender que la nube de humo que se elevaba continuamente de los esqueletos y carnes quemados de los animales inmolados originaban un hedor nauseabundo, para concebir y demostrar lo repugnante de ello, mientras que el incienso ofrecido perpetuamente sobre el Altar ante el segundo velo, indicaba por antítesis la belleza y sublimidad del servicio voluntarioso y desinteresado, exhortando de este modo al masón místico, como un hijo de la luz, el rehuir y evitar el uno e inclinarse hacia el otro. Grabemos bien en nuestra conciencia que el servicio no consiste únicamente en hacer grandes cosas.
Algunos de 1,os que el mundo reputa como héroes fueron insignificantes y vulgares en sus vidas en general, y se hicieron notables un buen día con motivo de un hecho grande y extraordinario circunstancial. Ha habido mártires que han sido puestos en el calendario de los Santos debido a que murieron por una causa; pero es un heroísmo mayor, es un mayor martirio algunas veces, el hacer las cosas pequeñas que nadie observa y nota y sacrificarse a sí mismo en un simple servicio por los demás.
Previamente hemos visto que el velo a la entrada del patio exterior y el velo delante del Cuarto oriental del Tabernáculo, estaban ambos confeccionados con tela de cuatro colores: azul, rojo, púrpura y blanco. Pero el segundo velo, el velo que separaba los dos departamentos en que se dividía el Tabernáculo propiamente dicho, se diferenciaba de los otros dos en su hechura o adornos, estando bordado con figuras de Querubines. No examinaremos el significado de este hecho hasta que tratemos la cuestión de la Luna nueva y la Iniciación, sino que ahora penetraremos dentro del segundo departamento del Tabernáculo, el cuarto occidental llamado el Santo de los Santos. Ningún mortal podía traspasar este segundo velo y penetrar dentro de este segundo departamento sino el Gran Sacerdote, y únicamente le es- taba permitirlo hacerlo más que una vez en todo el año, o sea el día de la festividad del Yom Kippur, esto es, el Día de la Propiciación, y entonces solamente después de la preparación más solemne y con la reverencia más exquisita. El Sancta Sanctorum se hallaba saturado de la solemnidad de otro mundo, percibiéndose la presencia de una grandeza no terrena, El Tabernáculo todo era el santuario de Dios, pero aquí en este lugar, se veía la imponente manifestación de su presencia, la morada excepcional de la Gloria del Shekina, y bien se comprende que un mortal temblase al sólo pensamiento de presentarse dentro de tan sagrado recinto, como el Gran Sacerdote debía hacerlo en el Día de la Propiciación.
En el extremo occidental de este departamento, en la parte más extrema hacia el Oeste de todo el Tabernáculo, descansaba el ARCA DE LA ALIANZA. Era un receptáculo cóncavo que contenía el Pote de Oro del Maná, la Vara que floreció de Aarón, y las Tablas de la Ley que fueron dadas a Moisés. Mientras que esta Arca de la Alianza permaneció en el Tabernáculo en el Desierto, había siempre puestas dos estacas en las cuatro anillas del Arca, de modo que podía ser cogida instantáneamente y transportada, pero cuando el Arca finalmente fue colocada en el Templo de Salomón, aquellas estacas se quita- ron de su sitio. Esto es muy importante por su simbólico significado. Por encima del Arca se, erguían inclinados dos Querubines, y entre ellos moraba la Gloria increada de Dios. "Allí --Él dijo a Moisés - Yo estaré contigo y me comunicaré contigo por encima de la Silla de Misericordia, entre medias de los dos Querubines que están sobre el Arca del Testimonio."
La gloria del Señor vista por encima de la Silla de Misericordia tenía la apariencia de una nube. El Señor dijo a Moisés: "Di a tu hermano Aarón que no entre a cada instante en el Santo de los Santos, esto es, por dentro del velo que hay delante de la Silla de Misericordia, la cual está sobre el Arca, para que no muera, pues Yo apareceré en forma de nube sobre la Silla de Misericordia." Esta manifestación de la divina presencia fue llamada entre los judíos la Gloria del Shekinah. Su aparición, sin duda alguna, se vería acompañada de tan sublime gloria espiritual, que a nosotros nos es imposible el formarnos de ella la debida idea. Saliendo de aquella nube se oía la voz de Dios con profunda solemnidad, cuando era consultado por el
bienestar, interés o necesidad de Su pueblo. Cuando el aspirante se ha calificado para entrar en esta cámara que oculta el segundo velo, se encuentra con que todo es oscuro para su ojo físico, y es necesario, por tal razón, que tenga otra luz dentro de él. Cuando primeramente llegó a la entrada oriental del Templo, se hallaba pobre, desnudo y ciego", y venia en busca de LUZ. Entonces se le enseñó la luz nublosa que se entreveía en el humo que salía del Altar de los Sacrificios y se le dijo que con objeto de que pudiera avanzar debería encender dentro de él mismo aquella llama por el remordimiento de sus errores y malas obras. Posteriormente se le enseño la luz brillantísima que se veía en el cuarto oriental del Tabernáculo, cual procedía del Candelabro de Siete Brazos; en otras palabras, se le dio la luz del conocimiento y de la razón, con la cual pudiera avanzar en su marcha por el sendero. Pero se le exigió que mediante su servicio desenvolviese o desarrollase dentro de él y a su alrededor otra luz, el "traje dorado de bodas", que es también la luz de Cristo del cuerpo del alma. Debido a sus actos de ayuda a sus semejantes durante sus vidas, esa gloriosa sustancia del alma gradualmente rodea toda su aura hasta que se enciende y brilla como una luz dorada. No le es posible penetrar dentro de los recintos del segundo Tabernáculo, que es, como algunas veces es llamado, e¡ Sancta Sanctorum, hasta que ha cultivado y desarrollado esa interna iluminación. "Dios es Luz"; y "si nosotros caminamos en la luz, como Él está en la luz, tendremos fraternidad los unos con los otros". Esta sentencia se toma en general únicamente para indicar la fraternidad o comunión de los Santos, pero real y verdaderamente se aplica también a la fraternidad o unión que tenemos con Dios. Cuando el discípulo penetra en el segundo Tabernáculo, la luz que hay dentro de él vibra en armonía con la Luz de la Gloria del Shekínah, que está entre los dos Querubines y entonces comprende la amistad y fraternidad con el Fuego del Padre, Del modo que los Querubines y el Fuego del Padre que flota sobre el Arca representan las Jerarquías divinas que guiaron a la humanidad durante su peregrinación por el desierto, así también el Arca que hay allí representa al hombre en su máximo desarrollo. Hay dentro de esa Arca, según ya hemos dicho antes, tres cosas: el Pote de Oro del Maná, la Vara florecida y las Tablas de la Ley, Cuando el. aspirante se presentó a la entrada oriental como un hijo del pecado, la ley estaba fuera de él para enseñarte y dirigirte hacia el Cristo.
Entonces la ley pesaba sobre él con inexorable severidad exigiendo la estricta retribución de ojo por ojo y diente Por diente". Toda transgresión implicaba un castigo justo y equitativo, Y el hombre se hallaba circunscrito en todos a las leyes que le ordenaban las cosas que debía hacer', así como las que No debía hacer. Pero cuando por medio del sacrificio y del servicio, llega finalmente a tal estado de evolución simbolizado por el Arca en la Cámara occidental del Tabernáculo, las Tablas de la Ley están dentro, y entonces se halla emancipado de todas las coacciones e interferencias externas de sus acciones, no porque haya o pueda quebrantar o
romper las leyes, sino porque él ya es un agente que trabaja con ellas. Justamente del modo en que nosotros hemos aprendido a respetar la propiedad de los demás y, por lo tanto, nos hemos emancipado del mandamiento "No hurtar", de igual modo, aquel que guarda todas las leyes, debido la que siente la necesidad y deber de hacerlo así, no tiene, por tal razón, en adelante necesidad de un orientador externo, sino que alegremente manifiesta obediencia en todas las cosas debido a que es un servidor de la ley y actúa con ella, por elección y espontaneidad propias y no por necesidad.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel


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EL POTE DE ORO DEL MANÁ - en you tube -


EL POTE DE ORO DEL MANÁ

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"Manas", mensch", "mens" o "man" --que significa esta última palabra, "hombre", en inglés - todos son vocablos que se asocian fácilmente con el de "manna" o maná que caía del cielo. Ello es, pues, el espíritu humano que descendió del Padre para pasar su peregrinación por la materia, y el Pote de Oro donde se le conservaba dentro del Arco de la Alianza, simboliza el aura dorada del cuerpo del alma. 
Aunque el relato descrito en la Biblia no se halla en estricta concordancia con los hechos, no obstante, contiene los hechos principales del místico maná que caía del cielo. Si nosotros deseamos conocer cuál es la naturaleza de esta sustancia llamada pan, podemos recurrir al capítulo sexto del Evangelio de San Juan, donde se describe que Cristo alimentó a las multitudes con panes y peces, lo-cual simboliza la doctrina mística que ha de servir para los dos mil años siguientes, cuya época Él inauguraba, pues durante ese espacio de tiempo, el Sol, por precesión de los equinoccios, pasaría por el signo de los peces, Piscis, y es por esta razón por la que se dispuso que las gentes cristianas se abstuvieran por lo menos un día a la semana - el viernes - en una determinada época del año de alimentarse de las ollas de carne, que corresponden a Egipto y a los antiguos atlantes. También se les ha puesto el agua de Piscis a las puertas de los templos, y las obleas virginales en la mesa de la comunión ante el Altar, donde ellos adoran a la Virgen Inmaculada, que representa el signo celestial Virgo (el cual es el opuesto al signo Piscis), y entra en comunión con el Sol alumbrado por ella. 
Cristo explicó también en aquel momento, en místico, pero, no obstante, inequívoco lenguaje, lo que era aquel pan de vida o maná, esto es, el Ego. Esta definición la encontraremos en los versículos 33 y 35, donde se lee: Pues el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y dio la luz al mundo". - "Yo soy - ego sum - el pan de la vida." Este es, pues, el símbolo del Pote de Oro del Maná que se hallaba en el Arca. Este maná es el Ego o espíritu humano, que da vida a los organismos que vemos en el mundo físico. Se halla oculto dentro del arca de cada ser humano, y el Pote de Oro o cuerpo del alma, o traje nupcial, está también latente en todos nosotros, el cual se hace más robusto, brillante y resplandeciente por la alquimia espiritual, mediante la que el servicio se transmuta en crecimiento del alma. Es, pues, la casa eterna celestial construida sin emplear para ello las manos, y de la que San Pablo anhelaba ser vestido, como nos dice en su Epístola a los de Corinto. Todo aquel que se esfuerza en ayudar a su prójimo construye y teje dentro de sí ese velo y amontona un tesoro que se deposita en el cielo, donde ni el orín ni la polilla pueden destruirlo ni enmohecerlo.

del libro "Iniciación Antiguo y Moderna", de Max Heindel

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LA VARA DE AARÓN - en you tube -


LA VARA DE AARÓN

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Una antigua leyenda relata que cuando Adán fue expulsado del Paraíso del Edén, se llevó con- sigo tres ramas del Árbol de la vida, que posteriormente fueron plantadas por Set. Set, el segundo hijo de Adán, es, con arreglo a la historia masónica, el padre de la jerarquía espiritual de los clérigos, quienes trabajan con la humanidad por medio del Catolicismo, mientras que los hijos de Caín son los artífices o artesanos del mundo. Estos últimos trabajan en la francmasonería, promoviendo el progreso material e industrial como constructores del templo de Salomón, el universo. Los tres retoños plantados por Set han desempeñado una misión muy importante en el desarrollo espiritual de la humanidad, y uno de ellos se dice que es la Vara de Aarón. Al principio de la existencia concreta del hombre, la procreación se efectuaba bajo la sabía guía y vigilancia de los Ángeles, quienes hacían que el acto creador se realizara en los momentos en que los rayos de las fuerzas interplanetarias fueran propicios para el caso, así como el hombre tenía prohibido el comer- del Árbol del Conocimiento. La naturaleza de este Árbol queda de terminada claramente por las sentencias bíblicas tales como las siguientes: "Adán conoció a su esposa y ésta dio a luz a Caín"; "Adán conoció a su esposa y ella parió a Set"; o bien esta otra: "¿Cómo podré yo concebir un niño toda vez que no he conocido a un hombre?", que dijo María a Gabriel, el Ángel anunciador. A la luz de esta interpretación la sentencia del Ángel (no sólo no fue una maldición) cuando descubrió que sus preceptos habían sido desobedecidos, esto es, "vosotros moriréis", sino que es perfectamente natural y lógica, porque los cuerpos generados sin tener en cuenta las influencias cósmicas no puede pretenderse ni esperarse que persistan. De aquí que el hombre fue expulsado, desterrado, de los reinos etéreos de la fuerza espiritual (el Edén), donde crece el árbol de la fuerza vital; desterrado a la existencia concreta en cuerpos de densidad física que se conquistó para sí por me- dio de la generación. Tal sentencia del Ángel en estas circunstancias es, sin duda alguna, una bendición, pues ¿quién es el que tiene un cuerpo lo suficientemente bueno y perfecto, a su propio juicio, en el cual le gustase vivir eternamente? La muerte, pues, es una fortuna y una bendición, en el sentido de que por ella podemos volver periódicamente a los reinos espirituales, y construir en ellos mejores vehículos para cada vez que volvamos a la vida en la Tierra, según nos dice en su poema Oliver Wendell Holmes.
¡Alma mía! Construye mansiones más permanentes, según van rodando las estaciones. Abandona tus bajos techos abovedados del pasado y haz que cada nuevo templo sea más noble que el pasado. Aíslate del cielo con una cúpula más vasta cada vez, hasta que por último te libertes, abandonando tu concha, ya inservible, por la incesante vida del mar."
En el curso de la vida, cuando aprendemos a domeñar el orgullo de la vida y la lujuria de la carne, la generación dejará de absorber y agotar nuestra vitalidad. La energía vital se utilizará entonces para la regeneración, y las fuerzas espirituales, simbolizadas por la Vara de Aarón, se desenvolverán.
La varita del mago, la lanza sagrada de Parsifal, el Rey del Grial, y la Vara florecida de Aarón, son emblemas de esta divina fuerza creadora, que ejecuta maravillas de tal naturaleza que nosotros las llamamos milagros. Pero hay que tener bien en cuenta que no hay ninguno que haya llegado al grado de evolución simbolizado por el Arca de la Alianza ante la Cámara occidental del Tabernáculo, que utilice esta fuerza con fines egoístas. Cuando Parsifal, el héroe del mito del alma que tiene por título aquel nombre, ha sufrido la tentación de Kundry y
ha comprobado por sí mismo su emancipación del pecado más borroso de todos, el pecado de la lujuria y de la falta de castidad, él recobra la sagrada lanza que había sido tomada por el mago negro, Klingsor, al vencido y no casto Rey del Grial, - Amfortas. Desde aquel día, Parsífal, durante muchos años viajó mucho y recorrió todo el mundo, buscando nuevamente el' Castillo del Grial, y al volver a hallarse cerca de él, dijo al que le interrogaba de dónde venía: "A menudo yo he sido atacado fieramente por enemigos y tentado al uso de esta lanza en defensa propia, pero yo entendía bien que la lanza sagrada no debe ser utilizada para herir, sino únicamente para curar."
Y esta es la actitud de todo aquel que desenvuelve dentro de él la florida Vara de Aarón. Aunque pueda convertir esta facultad espiritual en el sentido de proveer de pan para una multitud, él nunca, ni aun le pasará por la imaginación, el convertir una sola piedra en pan para aplacar su propia hambre. Aunque él fuera clavado en una cruz y crucificado hasta morir en ella, no intentaría libertarse a sí mismo por medio de sus poderes espirituales, los cuales ha empleado ya anterior y prontamente para salvar a otros de la muerte. Aunque se viera diaria y constantemente acusado de estafador y charlatán, nunca se determinaría a hacer el uso indebido de esta fuerza espiritual, para mostrar un signo o hacer un milagro, por el cual el mundo pudiera conocer, sin sombra alguna de duda, que él es un regenerado o nacido del cielo. Esta fue la actitud de Jesucristo y ha sido también la de todo aquel que, como un Cristo en formación, sigue sus pasos y quiere imitarle.

del libro "Iniciación Antigua y Moderna", de Max Heindel

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